El análisis de la actualidad científica y todo el contexto para entenderla
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FRancisco Doménech
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¡Saludos! Soy Francisco Doménech y esta es una edición muy personal del boletín de Materia. Me gustaría dejaros por escrito algunos sentimientos del equipo de la sección de ciencia de EL PAÍS que ha realizado la cobertura del eclipse total del 12 de agosto. Creo que la experiencia propia no se nos va a olvidar en la vida, pero aquí queda este esfuerzo final por enriquecerla con las de otras personas. Que sea nuestro cofre del tesoro.
Las vacaciones, la siguiente cobertura o el día a día me sacarán (por fortuna) de la especie de trance en el que sigo desde ese momento en el que Dani Mediavilla, compañero en Materia, me hizo la foto que encabeza este correo, en lo alto de La Muela que domina su pueblo, en la provincia de Burgos. Apenas unos 20 minutos después de concluir la totalidad, ahí estaba yo extasiado tras acabar de contaros cómo vivimos el eclipse, tanto para el periódico como para la retransmisión en vídeo y para el directo en la web que os ofrecimos esa tarde. Guardo en el cofre esas tres primeras joyas, fruto del esfuerzo colectivo de docenas de personas en EL PAÍS y os dejo aquí la breve descripción que hice de la totalidad:
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Castrillo de la Reina ha recibido la totalidad con un rumor. Desde la muela, el punto más alto del pueblo y una vista libre sobre una vasta llanura a su alrededor, se ha podido ver cómo la oscuridad llegaba al pueblo más cercano hacia el oeste (Salas de los Infantes) y se encendían las brillantes luces de su fábrica.
El rumor se ha empezado a convertir en un rugido de cientos y cientos de personas esparcidas libremente en multitud de grupos por toda La Muela. Y ese rugido ha acabado de desatarse al comenzar la totalidad, a las 20:28:46, acompañada por el repicar de las campanas del pueblo. Durante la primera mitad del minuto y 44 segundos de eclipse total, un circulito naranja ha quedado prendido en la parte superior izquierda del Sol.
Tras unos primeros instantes dominados por el silencio o el estupor, las emociones comenzaron a hacerse palabras, y la totalidad ha concluido entre gritos, abrazos y lágrimas. Abajo, en la plaza del ayuntamiento, ha comenzado a sonar la música de un pequeño festival organizado con mimo por amigos de los solo 121 habitantes de Castrillo. Cientos y cientos de personas han llegado de puntos de toda España, para compartir el eclipse y la fiesta, a esta localidad que hoy se ha sentido de todo menos vaciada.
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Fue mi mejor eclipse posible. El primero total de mi vida y, si puedo, no será el último. Son algunas de las sensaciones que comparto con estas cuatro compañeras de mi sección. Arropadas por muchas otras personas del periódico, hemos vivido como una piña estos últimos meses de cobertura eclipsera, compartiendo una dedicación y un entusiasmo que espero que nos deje conectadas durante mucho tiempo. Al otro lado de este correo, ¿tenéis esa sensación de unión con quienes habéis vivido en persona este eclipse total? Es algo que me ha llegado estos días por muchas vías.
Domitila Díez estaba en el centro de divulgación Galáctica, en Javalambre (Teruel), en lo alto de un pico aún más alto, deslumbrada por compartir el evento con un premio Nobel, con el astrofísico y estrella del rock Brian May y con un astrónomo que se conocía al dedillo la teoría, pero que estaba alucinando por poder sentir por primera vez la totalidad. Esto me cuenta ahora Domi, pasado el gran día:
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Tenía muchísimas expectativas y fueron ampliamente superadas. Fue algo surrealista. Me maravilla que al final el ser humano siempre sea capaz de encontrar la belleza y la emoción en lo que brilla, en lo que es nuevo y en lo ancestral. 'Somos luciérnagas melancólicas', como dice un amigo mío. Me siento una privilegiada y agradezco tu insistencia por ir a ver la totalidad: no se compara con nada lo que pudimos ver, sin gafas de protección, durante ese minuto y 27 segundos que se pasaron volando pero que, al mismo tiempo, a mí me fueron suficientes.
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Paola Mendoza estaba el día del eclipse trabajando en Madrid y pudo acercarse al Parque de Juan Carlos I, en el nordeste de la capital. Allí vivió una experiencia bastante diferente, una totalidad casi fugaz de apenas 12 segundos de oscuridad, pero con ciertas sensaciones comunes:
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Fue una experiencia un poco fuera de este mundo. Después de meses trabajando en esto, minutos antes del momento culminante, empecé a darme cuenta de que no estaba preparada para lo que iba a ver, allí rodeada de muchos de mis amigos de la redacción de El PAÍS. Me siento muy agradecida por haber podido aprender tanto sobre este fenómeno y les pude explicar algunas cosas que sabía que iban a pasar. Pero fue mucho más mágico vivir esa conexión en ese momento en que todos estábamos flipando, rodeados de otra gente igual de emocionada. ¡Quiero más!
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Una persona como yo, que nunca había visto un eclipse de ningún tipo, tiene otra perspectiva diferente a la de los expertos con los que he podido hablar para esta cobertura. Piensas que es su pasión y que quizás no sea tan espectacular como ellos dicen. Pero cuando lo ves y compruebas que es así de espectacular y maravilloso, terminas hablando como ellos.
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Ana Lozano estuvo dándolo todo en el centro astronómico de Yebes, en su provincia de Guadalajara, en el evento central organizado por el Gobierno. Vivió la totalidad rodeada de ministros, de altos cargos, del star-system de la astronomía y astronáutica españolas y también de los currantes del IGN responsables de haber calculado con precisión que allí el eclipse iba a durar exactamente 1 minuto y 12 segundos:
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El eclipse nos quitó los trajes, los roles y las acreditaciones a todo el mundo. Éramos solo seres humanos fascinados con lo que estaba pasando. Por mucha institucionalidad que hubiese en ese evento, gritamos y nos abrazamos como en un concierto. No me esperaba ver la corona solar tan grande, no me esperaba ver las protuberancias... Fue alucinante.
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Como yo, tras esta experiencia periodística tan intensa, Ana está deseando compartir con sus seres queridos el eclipse total del 2 de agosto de 2027 en Cádiz.
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