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¡Hola!
Soy Guillermo Alonso, el mismo de siempre. Pensando en temas con los colaboradores de ICON siempre se repite en mis conversaciones con ellos la misma frase entre junio y agosto: "¡El verano! Temas sobre el verano. ¡A la gente le encanta leer sobre problemáticas y asuntos de verano! Escribe algo sobre el verano". Así que hemos publicado muchas cosas sobre el verano (y lo que te rondaré), tanto estos meses de calor como los del pasado año o los del anterior. Los temas estrella son algunos como estos:
-Hacer amigos
-Nadar
-Viajar sin tu pareja
-Trabajar en agosto
-Tener un barco
-Llevar chanclas
-Llevar pantalones cortos
-Llevar calcetines o no llevarlos
-Veranear en el norte
-Veranear en el sur
-Veranear cuando ya no es verano
-Teñirse de rubio surfero
Creo que bajo todos ellos, soterrado, está la añoranza de un verano que ya no te pertenece cuando empiezas a trabajar y entras en la rueda laboral que reduce el verano a dos o tres semanas de agosto. Todo ello habla de vestir como cuando éramos niños (chanclas, calcetines, shorts), de tener pinta infantil (ese pelo rubito pollo, de esto puedo hablar por experiencia, soy rubito pollo mientras tecleo estas palabras), de mirar al mar con cierta fascinación y envidia por lo que tienen otros niños (el asunto del barco) y de esa ilusión de autonomía y adultez que te entraba cuando te ibas tú solo en tu colchoneta (ahora eso equivale a viajar sin tu pareja).
Será que escribo estas líneas con algo de melancolía y cansancio. Aparte de rubio pollo estoy agotado, estiro los últimos días antes de mis vacaciones, con la necesidad auténtica de dejar de mirar una pantalla de ordenador durante dos semanas, y de creerme que esas dos semanas serán un verano entero. El verano tiene algo parecido al amor: uno empieza sus vacaciones con la promesa de que serán para siempre. Cuando cuando nos prometemos. Luego el para siempre pueden ser dos semanas o tres años, pero la eternidad es un pacto previo e ilusorio sin el que esto no funciona. Cuando empiece mis vacaciones este mismo viernes lo haré pensando que serán eternas. Y ya cuando vuelva me enfrentaré a lo que pase. Algunos lo llaman depresión postvacacional, yo lo llamo hacerse el sorprendido.
Aún así: hasta la semana que viene. Dejaré algo escrito para que no se quede sin newsletter. Lo intentaré.
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