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Reconozco que me dio un escalofrío cuando vi a las 22 personas que protagonizan nuestro nuevo número, juntas y posando muy serias ante la cámara del fotógrafo la tardenoche del pasado 14 de mayo en Madrid. Desvelamos la portada en esta newsletter, así que ya es oficial: somos padres de Talento 2026 (al final sonríen: compruébalo haciendo un par de scrolls más abajo).
El proyecto empezó, como buenos boomers, hablando por teléfono: ¿por qué no hacemos una lista de los actores, directores, escritores, artistas o diseñadores que, para nosotros, representan lo mejor de 2026, reunimos a todos los que se pueda fotografiar y entrevistar en un solo día y los metemos en una gran foto de grupo? La idea primigenia era disparar un tema de moda en casa de la estilista del reportaje, Paty Abrahamsson, y aprovechar para retratar y entrevistar a “dos o tres amigos o conocidos que nos guste lo que hacen”.
No sabemos en qué momento mágico las conversaciones dejaron atrás a los amigos y conocidos, se empezaron a multiplicar las páginas en el planillo y el tema adquirió su nombre actual: Talento 2026. Entonces Paty —fuerza de la naturaleza e imán cultural capitalino— se preocupó: “Mi casa mide 52 metros cuadrados”, advirtió, un poco agobiada, en una reunión por zoom. Ahí nos dimos cuenta de que nos teníamos que poner serios: esto era un tema de portada y, posiblemente, un proyecto para repetir cada año.
Uno de los talentos que más me apetecía conocer en persona era Sarina Castagnoli, una repostera —o cake artist, como le gusta a ella definirse— que canaliza su imaginario entre el arte y la gastronomía en tartas de fantasía. Contundentes artefactos dulces que por momentos parecen un prom dress glaseado y con guindas, o una montañita azul con plátanos enteros dentro (como el delirante pastel que le hizo a un amigo hace unos meses). El día de la sesión de fotos, Sarina estaba preparando dos proyectos que ilustran bien los mundos entre los que se mueve: por un lado una tarta gigantesca para una boda en Galicia este verano, y por otro una performance en una galería de Madrid. El pastel que nos trajo, y que muestra en la portada, era un barroquismo de merengue irisado relleno de delicioso bizcocho con frambuesas (lo sé porque lo probé). Nunca subestime el poder de una tarta: este amigo mío llora cuando pide una y está muy rica.
Otros que me hizo ilusión encontrar fueron Martina Merry-del Val y Andrés Varela, los fundadores de la firma de moda Cold Culture. Podríamos decir que tienen tiendas en España y en el extranjero, que emplean a 80 personas o que solo llevan cinco años en el negocio y sería todo verdad. Pero cualquier dato palidece ante lo fundamental, que los chavales de 12 a 25 años juran, mueren y matan (metafóricamente) por las camisetas y sudaderas Cold Culture. Martina y Andrés lo tienen todo muy claro pero son tímidos: esta casi es la primera vez que salen en prensa.
En realidad nuestros talentos 2026 no son 22 sino 23 (el artista Andrés Izquierdo falta en la foto de grupo, pero sí está en el reportaje interior). Lo mejor de esta idea y del reportaje que ha resultado es que, cuando lees todas las piezas, del conjunto de entrevistas sale un retrato diverso y vivo de los veinteañeros y treintañeros que están haciendo cosas interesantes ahora mismo. Por las edades dispares y por principio, no lo llamaremos generacional: “Hablar de la juventud como una experiencia monolítica es un error”, advierte en su entrevista Mariang, mitad del podcast La Pija y la Quinqui y una de las pensadoras más lúcidas de España. Recomiendo mucho leer el texto que publicó en Substack sobre la juventud (la cursiva es suya).
En el especial Talento 2026 hay éxito, fracaso, hijos, cambios de rumbo, denuncia, búsquedas, encuentros, política, privilegio, supervivencia, fútbol, tablas de Excel y el baúl de una abuela en particular. Los únicos que no salen son los jóvenes fundadores de una exitosa marca de moda, que decidieron no formar parte del proyecto cuando no supimos responder a su pregunta: “Perdonad, entonces ¿cuántos CEOs hay en esta producción?”.
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