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Buenos días a todo el mundo. Las crisis del petróleo de la década de 1970 se han convertido en el punto de referencia cuando se habla del peor tipo de crisis energética global. Nada se les ha comparado. Hasta ahora. Según algunas métricas, la crisis provocada por la guerra en Irán ya es peor. La situación es tan mala que el presidente Donald Trump, quien atacó a Irán el mes pasado, relajó las sanciones no solo a Rusia, sino también al propio Irán, para intentar evitar que los precios de la energía siguieran subiendo. Y podría empeorar aún más. En esta edición escribo sobre la crisis energética de 2026, y sobre cómo ya está afectando a millones de personas en todo el mundo de formas muy concretas. También:
Duchas cortas y sin ascensoresSi vives en Corea del Sur, el gobierno acaba de pedirte que tomes duchas más breves (lee sobre esta medida en español) y que solo uses la lavadora los fines de semana. En Nepal, es posible que la cena de tu familia esté fría debido a la grave escasez de gas para cocinar. Y si estás organizando un funeral en Pune, India, no podrás hacer una cremación con gas; el gas está siendo racionado y es solo para los vivos. En Laos, más del 40 por ciento de las gasolineras están cerradas. Se ha dicho a los funcionarios tailandeses que suban por las escaleras en lugar de utilizar los ascensores. Sri Lanka acaba de convertir el miércoles en día festivo, lo que obliga a fábricas, tiendas y escuelas a permanecer cerradas ese día. No hay país en el mundo que no se haya visto afectado por el incremento en el precio del petróleo provocado por la guerra en Irán. Desde los precios de la gasolina en Estados Unidos hasta las cuentas de la calefacción en Europa, el costo de la vida va en ascenso. Sin embargo, en muchos países el impacto va más allá de la inflación: en Asia, una región que depende mucho de las exportaciones energéticas del golfo Pérsico, las precarias reservas de gas y petróleo ya están trastornando la vida cotidiana. En Filipinas, que el martes declaró estado de emergencia nacional, un periódico publicó una columna con un titular particularmente contundente. “La nación al borde del abismo: esta crisis del petróleo podría destruir todo lo que hemos construido”. No hay una solución rápida Vale la pena detenerse a analizar la magnitud de la conmoción. La semana pasada, el director de la Agencia Internacional de la Energía declaró al Financial Times que la guerra en Irán era la mayor amenaza para la seguridad energética mundial de la historia. Dijo que había salido más petróleo de los mercados de golpe que en las crisis de 1973 y 1979 juntas. Hablé con mi colega Rebecca F. Elliott, quien cubre temas de energía. Ella me dijo que gran parte de ello se debe al bloqueo efectivo del estrecho de Ormuz, la angosta vía de navegación a lo largo de la costa meridional de Irán por la que circula alrededor del 20 por ciento de los suministros mundiales de petróleo y cantidades sustanciales de gas natural. Este tráfico prácticamente se ha interrumpido durante la guerra. Como consecuencia, los precios del petróleo y el gas se han disparado, y países que están a miles de kilómetros de ahí se están quedando sin reservas energéticas. La reapertura del estrecho en sí es un intrincado problema. Pero en este momento nos encontramos en una fase de la guerra en la que lograr que las exportaciones vuelvan a fluir ya no solo es cuestión de poner en movimiento a los petroleros.
Ambas partes han puesto infraestructuras energéticas en la mira. Irán depende de los ingresos por la venta de energía para mantener su gobierno en funcionamiento. Estados Unidos quiere desesperadamente bajar los precios del petróleo, un tema políticamente delicado en su país. Según un análisis de The New York Times, decenas de refinerías de petróleo, yacimientos de gas natural y otras instalaciones energéticas han sido dañadas en nueve países. Un ejemplo: después de que Israel atacara la parte iraní de un gigantesco yacimiento de gas natural en alta mar que Irán comparte con Catar, lo que hizo que los precios del gas se dispararan, Irán atacó la ciudad industrial de Ras Laffan, en Catar, donde se encuentra la mayor instalación de gas natural licuado del mundo. Ras Laffan representa aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de gas natural licuado. Irán dañó alrededor del 17 por ciento, dijo Rebecca. Los operadores de otras instalaciones energéticas se han negado a revelar cuántos daños han sufrido. Si el estrecho se reabriera mañana, y se pudiera convencer a las compañías navieras de que el trayecto es seguro, los flujos de energía aún tardarían semanas o meses en aproximarse a los niveles previos a la guerra, explicó Rebecca. En cuanto a reparar la infraestructura energética misma, eso podría llevar años. Qué podría venir después Las cosas podrían empeorar antes de mejorar. “Ya estamos viendo cómo se desarrolla en tiempo real uno de los peores escenarios para los mercados mundiales de la energía”, dijo Rebecca. “Cuanto más tiempo permanezca cerrado el estrecho de Ormuz y más daños sufra la infraestructura energética, peor será”. Y hay muchas posibilidades de que ambas partes escalen aún más, dijo. Trump ha amenazado con atacar las centrales eléctricas iraníes. Irán podría volver a golpear Ras Laffan o atacar refinerías de petróleo importantes que hasta ahora siguen intactas. Por el momento, todo esto se traduce en una lista cada vez más larga de dificultades cotidianas en todo el mundo. Pero hay indicios de que las cosas podrían empeorar. En Filipinas, una coalición de trabajadores del transporte ha convocado protestas masivas para esta semana. Ya hubo protestas en Tailandia. Muchos de los países más afectados tienen una capacidad limitada para proteger a sus ciudadanos de lo peor del impacto. Si esto se prolonga, las consecuencias políticas podrían aumentar, incluso para los gobiernos que no tienen capacidad para influir en cómo se desarrollan los enfrentamientos a miles de kilómetros de distancia. Como dijo este mes el presidente de Filipinas, Ferdinand Marcos Jr: “Somos víctimas de una guerra que no es de nuestra elección”. Otros acontecimientos:
QUÉ MÁS ESTÁ PASANDO
La NASA concreta sus planes para construir una base lunarTras años de hablar sobre puestos lunares avanzados, la NASA ha presentado sus planes para construir una base lunar en la próxima década. Jared Isaacman, administrador de la NASA, dijo el martes que la agencia invertiría alrededor de 20.000 millones de dólares en el proyecto durante los próximos siete años y construiría la base mediante decenas de misiones. El objetivo es construir un puesto avanzado que permita una presencia humana continua en la Luna. La próxima semana, la NASA espera lanzar astronautas alrededor de la Luna y de vuelta, algo que no se hacía desde que su programa Apolo concluyó en 1972. Lee más sobre este proyecto, en español. OTRAS NOTICIAS DESTACADAS
EN INGLÉS HAY MÁS
DEPORTES
Fútbol: Mohamed Salah dejará el Liverpool al final de esta temporada. Copa Mundial: Un grupo de aficionados al fútbol presentó una queja formal ante la Comisión Europea por los precios de las entradas. EL POLINIZADOR DEL DÍA
El zorro volador de cabeza grisAlrededor de 91 millones de árboles australianos deben su existencia a estos grandes murciélagos frugívoros, según una nueva investigación. Ellos esparcen polen cuando se posan y alimentan en los árboles, y esparcen semillas cuando defecan en pleno vuelo. En el pasado las autoridades los consideraban plagas y utilizaban napalm para matar sus colonias, que pueden contener cientos de miles de murciélagos. (Aquí puedes leer más sobre su verdadero valor, en español). LA LECTURA MATUTINA
El escritor y actor escocés Richard Gadd encontró el éxito al compartir su trauma en la serie Baby Reindeer. Ahora explora el dolor masculino de una nueva forma. Su nueva serie, Half Man, que se estrena el próximo mes en HBO, es sobre una amistad de décadas entre dos hombres que se destruyen mutuamente. En The Interview, habló de cómo ambas series exploran la confusión sexual, la masculinidad torturada y el abuso emocional (con uno que otro toque de humor negro). Míralo aquí. ALREDEDOR DEL MUNDO
Tango terapéuticoEl tango es el baile nacional de Argentina, conocido por su pasión, precisión y corazón. En un hospital de Buenos Aires, tiene otra finalidad: es una terapia para pacientes con enfermedad de Parkinson. El programa, que comenzó hace 15 años, utiliza movimientos de tango para ayudar a los pacientes a abordar problemas de equilibrio, rigidez y coordinación. Los pacientes con párkinson pueden tener dificultades con los movimientos de parada y arranque al caminar y pueden beneficiarse de practicar los pasos lentos y cortos y las pausas del tango, dijo una neuróloga. Moverse al ritmo de la música también da un impulso emocional. A veces, los pacientes que acuden a clase con bastones adquieren tanta confianza que se van sin ellos. Lee todo sobre la tangoterapia, en español. RECOMENDAMOSViajar: Una familia de Kerala, India, quería que su casa de vacaciones reflejara sus raíces. |