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Buenos días a todo el mundo. Una estadística que me llamó la atención recientemente es que algunos expertos prevén que la población de China se reducirá a la mitad a finales de siglo. ¡A la mitad! China era el país más poblado del mundo hace solo tres años. Las tasas de natalidad en Italia, Alemania y Japón han sido bajas desde que tengo uso de razón. Ahora están cayendo en todo el mundo. Entonces, ¿qué significa para la humanidad estar disminuyendo? ¿Se resolverá el cambio climático al reducirse la huella humana? ¿Aminorará la perturbación que supone que la inteligencia artificial quite puestos de trabajo a los humanos? Mi colega Amanda Taub, quien escribe el boletín The Interpreter, ha hecho muchos reportajes sobre el poder disruptivo del cambio demográfico. Su evaluación es aleccionadora. También:
¿Menos gente, menos problemas?
Las tasas de natalidad del mundo están cayendo en picada. El gobierno chino reveló el mes pasado que su tasa de natalidad se había desplomado al nivel más bajo registrado desde 1949. Estados Unidos dijo que su población había crecido a uno de los ritmos más lentos de su historia, debido en parte a una ralentización de la migración, pero también a un descenso de las tasas de fertilidad que se ha extendido durante décadas. En todo el mundo se observan tendencias similares, como en India, Corea del Sur, Italia, Colombia y México. Todo esto significa que la población mundial está en vías de empezar a reducirse en los próximos 50 a 60 años. Esto tiene enormes implicaciones negativas para la productividad económica, la capacidad de innovación y la estabilidad política del mundo. Algunos optimistas afirman que una población humana más pequeña podría tener algunas ventajas. Podría, dicen, amortiguar las consecuencias de los otros dos cambios mundiales a los que se enfrenta la humanidad: el cambio climático y las perturbaciones potencialmente devastadoras de la inteligencia artificial. Estos argumentos tienen cierta lógica. Al fin y al cabo, el cambio climático es el resultado de las emisiones humanas, ¿menos humanos no significarían menos presión sobre el planeta? Y en medio de los temores de que la IA desplace a los trabajadores humanos, ¿no podría una mano de obra más reducida aliviar los posibles trastornos económicos? Ojalá fuera así. En realidad, según los expertos, es improbable que el descenso de la población sea una solución para cualquiera de los dos problemas, e incluso puede hacer que sean más difíciles de resolver. ‘Un gran barco que gira lentamente’ Hace décadas, muchos miembros del movimiento ecologista abogaban por una población más reducida como un medio para frenar las emisiones de carbono y reducir los efectos del cambio climático. La mayoría de los expertos en clima ahora se enfocan en otras soluciones, pero los argumentos han tenido un impacto cultural persistente: cada vez que escribo sobre los efectos negativos del descenso de las tasas de fertilidad en todo el mundo, recibo mensajes de muchos lectores que están convencidos de que los beneficios de la reducción de las emisiones superarán a los demás costos de una población más pequeña. Pero cuando un equipo de investigadores de la Universidad de Texas en Austin y del Hunter College de Nueva York hizo los cálculos, descubrió que era probable que el descenso de la población tuviera solamente un impacto insignificante en el cambio climático. ¿El motivo? Los tiempos no coinciden. Ya que la esperanza de vida humana es larga, escribieron los investigadores en un artículo preliminar reciente, el descenso de la natalidad tardará mucho tiempo en cambiar de manera significativa el tamaño de la población mundial. La amenaza del cambio climático es mucho más inmediata: las emisiones actuales tendrán un efecto duradero en la atmósfera terrestre. Las soluciones al cambio climático, que también tendrían el efecto de reducir las emisiones por persona, deben producirse en un plazo mucho más corto. Para cuando la población se reduzca realmente, tener menos personas no supondrá una gran diferencia. “La población es un gran barco que gira lentamente”, dijo Dean Spears, uno de los investigadores que trabajaron en el artículo. Los investigadores analizaron varios modelos diferentes del tamaño de la población y los cambios en las emisiones. Llegaron a la conclusión de que si la población mundial se redujera en miles de millones de personas para el año 2200, lo que ocurrirá si las cosas siguen su trayectoria actual, habría menos de una décima de grado Celsius de diferencia en las temperaturas máximas si se compara con una población que permanece estable a lo largo del tiempo. La revolución de la IA Otra réplica frecuente a los agoreros demográficos: ¡los robots harán el trabajo por nosotros! O, más sombríamente: si la IA va a destruir todos los puestos de trabajo, ¿no sería mejor tener una mano de obra más reducida? Por ahora, parece que el tipo de robots que necesitaríamos para sustituir a los humanos a gran escala no llegarán lo suficientemente pronto como para ayudar a compensar la ralentización del crecimiento de la productividad de una población que envejece, dijo Beata Javorcik, economista jefa del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo. En muchos lugares, el problema del envejecimiento de la población y la disminución de la mano de obra ya está aquí. Los países poscomunistas de Europa del Este, por ejemplo, “envejecieron antes de enriquecerse”, dijo Javorcik. En cuanto al escenario más sombrío, economistas como David Autor, del MIT, creen que es improbable que la IA sustituya a todos o a la mayoría de los trabajadores humanos. Históricamente, la mano de obra se ha adaptado incluso a los cambios tecnológicos más radicales. Eso podría ocurrir con la IA, en cuyo caso la reducción del número de trabajadores disponibles seguiría frenando el crecimiento cuando llegara el aumento de la productividad impulsado por la IA. Pero si la IA sustituyera de hecho a los humanos, dijo Autor, una población más pequeña no sería un gran amortiguador contra las consecuencias económicas o políticas. Incluso una pequeña fuerza de trabajo desplazada tiene el potencial de causar grandes trastornos. En otras palabras, no existe una solución mágica (la IA) para el colapso demográfico que se avecina, y el propio colapso no será una solución mágica (para el cambio climático). Solo queda el trabajo lento y meticuloso de elaborar políticas capaces de adaptarse a una nueva realidad. OTRAS NOTICIAS DESTACADAS
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