|
¡Hola!
Soy Guillermo Alonso y esta es la newsletter de ICON. Si la semana pasada notó su ausencia es porque me tomé unos días de vacaciones. Encontrará aquí abajo, entre los enlaces que muestran algunos de los contenidos más interesantes que hemos publicado en las últimas dos semanas, una entrevista con Juan Muñoz firmada por Jaime Lorite Chinchón. Juan Muñoz es, en líneas generales, el otro de Cruz y Raya. El que no es José Mota. Ese cuya carrera no alcanzó el éxito masivo, que permaneció de alguna manera a la sombra y, por lo tanto, el que nos resulta más interesante de los dos.
El otro. En la historia del entretenimiento y la cultura pop el otro siempre es al que nos apetece mirar, porque del famoso-famoso, el que se pasa el día en la televisión o copa las listas de éxitos con sus canciones, ya sabemos todo lo que se puede saber y estamos un poco hartos. Hay una lista casi sagrada de los otros, especialmente en la música, donde una serie de hombres buenos y talentosos tuvieron la mala fortuna de unirse a otros hombres que eran, directamente, genios. Y a ver quién aguanta eso. No es que al otro le fuese mal; de hecho, el otro suele obtener más éxito y fortuna de lo que cualquier ser humano medio soñaría. No, de hecho al otro le va bien, solo que durante una época de su vida se unió a alguien a quien el ha acabado yendo, perdonen la expresión, de putísima madre. Y en un mundo que vive de compararlo todo, eso equivale a que a ti te ha ido mal. Pero nada más lejos.
Andrew Ridgeley es el otro por excelencia, el de Wham! que no era George Michael. "Ah, el otro, pobrecito", dirán por ahí. Pero el otro recibe cada año cuantiosos ingresos gracias a ser el compositor de éxitos como Careless Whisper o Club Tropicana que, probablemente, hacen que pueda llevar una vida tranquila y feliz sin tener que levantarse cada mañana para ir a un edificio de oficinas. ¿Me puede alguien explicar en qué retorcido universo te convierte eso en un fracasado? En una entrevista que concedió a ICON contó: "No tenía más ambiciones, o al menos no al nivel de las de George. Ese no era mi carácter, yo me contentaba con formar parte de la banda y salir de gira". ¡Qué majo!
Hay más otros, claro. Art (Garfunkel), el que no era Simon; o John Oates (el que no era Hall). Chris Lowe, de Pet Shop Boys, es un poco como Nacho Canut, el de Fangoria que no es Alaska: esos miembros silenciosos que son felices en un segundo plano, a veces también llamados el otro.
Pero es que ser el otro, si tiene usted cierto carácter introvertido, ciertas ambiciones sosegadas y pocas ganas de tener que alternar con gente que no le cae especialmente bien, es lo mejor que te puede pasar en la vida. Así que, en este miércoles invernal, gélido e ingrato, ¡vivan los otros! Viva Juan Muñoz, viva Andrew Ridgeley, viva Art Garfunkel, viva John Oates, viva Chris Lowe y viva Nacho Canut. Que por cierto, una de las veces que lo entrevisté para ICON, Canut me contó un precioso chisme sobre Lowe que no puedo evitar regalarle aquí a usted por haber llegado a este párrafo:
Los Pet Shop Boys no son simpáticos. A ver, es posible que alguien diga de mí que tampoco lo soy. Porque uno está con sus amigos y lo último que quieres es que venga un desconocido a decirte nada. Además, yo pienso: “¿Y qué le digo?”. “¡Neil, Neil!”. ¿Qué le digo yo a Neil o a Chris Lowe? Que, por cierto, recuerdo que una vez coincidieron en el [gimnasio] Holiday Gym aquí en Madrid Chris Lowe y Victor Sandoval [hoy colaborador televisivo de Telecinco, por aquel entonces amigo de Fangoria y cantante]. Y llega Victor a casa y me dice: "¿Sabes con quién he estado entrenando y quién me ha invitado a cenar?"
|