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Hola, ¿cómo va la semana?
Hace unos días se nos volvió a encoger el pecho al enterarnos de un accidente de tren en Córdoba que terminó con 45 fallecidos y un montón de incógnitas. Entre todas las historias que se publican alrededor de una catástrofe siempre aparecen las que ponen en valor el lado más humano de las personas: ese joven pescador de 16 años que prestó sus brazos a las víctimas o el vecino que trasladó durante seis horas con su vehículo todoterreno a rescatadores y heridos entre los convoyes.
Hoy también os traigo la historia de Boro, una de mis favoritas de estos días. Boro es el perro de una de las heridas que iba en uno de los trenes accidentados. La noche del domingo, en mitad del caos, se esfumó. A partir de entonces decenas de voluntarios y miembros del Servicio de Protección a la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil no dejaron de buscarlo. Así lo contaron mis compañeros desplazados a la zona. Me atrevo a decir que a la mayoría nos llegó al alma cuando la hermana de la dueña de Boro pidió ante las cámaras de televisión ayuda: “Es familia”, explicaba emocionada Ana García, también superviviente de la tragedia.
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