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Toc, toc. ¿Hay alguien ahí?
La ciudad está atravesada por una transformación permanente. El paisaje urbano cumple su función y, cuando esta deja de estar vigente, muta, da lugar a otra cosa, contribuye al siguiente cambio. La metamorfosis es consustancial al espacio público de la modernidad. Si durante una época estos procesos se percibían como síntoma de renovación y progreso, hoy emiten una serie de mensajes inquietantes y amenazan el sueño de habitar espacios reconocibles. Es el ambiente propicio para la nostalgia.
Dos ejemplos recientes apuntalan esta idea. Tipos Infames, una librería de culto en el barrio de Malasaña que en los últimos 15 años había acumulado gran capital cultural, ha anunciado su cierre. Parecía un negocio de éxito hasta que sus propietarios confesaron que las cuentas no cuadraban por el alza de los precios del alquiler y la gentrificación. También echará la persiana una cafetería situada en la intersección de la calle de Ortega y Gasset con Velázquez conocida como el Vips de Lista. El local ha estado frecuentado por varias generaciones de parroquianos y llegó a formar parte de la geografía emocional del Madrid acomodado.
La desaparición de ambos comercios nos devuelve una imagen nítida de los procesos que transforman la ciudad contemporánea. Tipos Infames surgió durante una primera ola de gentrificación en Malasaña, cuando jóvenes con profesiones liberales se instalaron en este barrio que entonces sufría cierta estigmatización tras años de deterioro. Allí se conformó una nueva comunidad en torno a cafeterías y bares, teatros, librerías o galerías de arte que poco a poco fueron revitalizando la zona, cuyos precios comenzaron a subir. No son pocos los economistas y sociólogos que en aquellos días secundaron la teoría de la ciudad creativa, según la cual la cultura cumple un papel importante en la regeneración urbana. El tiempo ha demostrado que el mercado también puede instrumentalizarla y restarle valor social.
La vida del Barrio de Salamanca también se desbarata. A lo largo del último lustro ha captado el interés de grandes fortunas latinoamericanas, cuyos gustos poco tienen que ver con la oferta gastronómica del viejo Vips, sus tortitas con nata y el Sandwich Club. La zona es la que acumula más pisos de segunda residencia de todo Madrid, pero los inversores mexicanos, venezolanos y colombianos no solo han adquirido bienes raíces, también promueven nuevos negocios que encajan mejor con los estándares de consumo de sus compatriotas y barren del mapa a las tiendas de siempre. Un efecto expulsivo tan evidente como la gentrificación que tiene lugar en el barrio de mayor renta de Madrid: el poder adquisitivo de las grandes familias se ve ensombrecido por un capital extranjero.
La política intenta recoger el descontento en mitad de las ruinas. No solo afecta ya a las clases populares, sino que resulta cada vez más palpable en barrios de clase media y alta donde los jóvenes tienen problemas para quedarse a vivir. Es de sobra conocido el éxito del nuevo portavoz adjunto de Vox en el Congreso, Carlos Hernández Quero, un historiador que frisa la treintena, al denunciar este Madrid “convertido en el patio trasero de los ricos”. Su ascenso suele leerse como un giro social del partido, una ruptura con la línea ultraliberal para acercarse a los problemas de la calle. También Rita Maestre ha sabido interpretar el signo de los tiempos con una campaña llamada “Te están robando Madrid” en la que critica la imposibilidad de reconocer los barrios donde crecimos o a donde llegamos por primera vez. Adiós a Tipos Infames y el Vips de Lista: ciertamente, es tiempo para la nostalgia.
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